Cuando el Colorado no tenía nombre

38
0

El Río Colorado era caudaloso.  Nace en los Estados Unidos y tiene una longitud de 2 mil 730 kilómetros. Tiene dos usuarios: México y los Estados Unidos.

29 kilómetros son tramo limítrofe entre los dos países, frente a Baja California y Arizona y, 160 corren por territorio mexicano entre el tramo limítrofe y su desembocadura.

Sus escurrimientos provienen de los deshielos de las Montañas Rocosas de Estados Unidos.

Cuando no había escasez se agua, el Río Colorado cruzaba con su cuantioso caudal el Valle de Mexicali y desembocaba apacible en el Mar de Cortés, en donde se presentan altas mareas.

Cuentan que, en determinadas épocas del año, las grandes olas regresaban al Río, obligándolo a cambiar el sentido norte-sur, lo que producía un enorme estruendo y una visión espectacular.

Su agua es nuestra principal fuente de vida. Para los primeros habitantes de estas tierras, seguramente fue maravilloso contemplar el río, con su gigantesca corriente y su espectacular desembocadura en “El Mar Bermejo”.

Hoy domingo, les comparto un fragmento del Canto General de Pablo Neruda, Amor a América, La Lámpara en la Tierra, cuando América no tenía nombre todavía:

Antes de la peluca y la casaca

Fueron los ríos, ríos arteriales:

Fueron las cordilleras, en cuya onda

            Raída

El cóndor o la nieve parecían inmóviles:

Fue la humedad y la espesura, el trueno

Sin nombre todavía, las pampas 

            planetarias

El hombre tierra fue, vasija, párpado

Del barro trémulo, forma de arcilla,

Fue cántaro caribe, piedra chibcha, 

Copa imperial o sílice araucana.

Tierno y sangriento fue, pero en la

           Empuñadura

De su arma de cristal humedecida,

Las iniciales de la tierra estaban 

Escritas…                             

Tierra mía sin nombre, sin América,

Estambre equinoccial, lanza de púrpura,

Tu aroma me trepó por las raíces

Hasta la copa que bebía, hasta la más

     Delgada

Palabra aún no nacida de mi boca…

A las tierras sin nombres y sin números

Bajaba el viento desde otros dominios,

Traía la lluvia hilos celestes,

Y el dios de los alares impregnados

Devolvía las flores y las vidas…