Un Cuento para no hablar de la Pandemia…

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“…Para llevar a cabo su ambicioso intento contra el trono y la monarquía de Dios, movió en el cielo una guerra impía, una lucha temeraria, que le fue inútil. El Todopoderoso le arrojó de la eterna bóveda, envuelto en abrazadoras llamas…cayó en el abismo de la perdición…el que osó retar con sus armas al Omnipotente” (El Paraíso Perdido, John Milton).
Hoy es día de San Miguel Arcángel, el jefe de los ejércitos de Dios, que enfrentó la rebelión encabezada por Luzbel, ángel supremo entre los pecantes.
La lucha fue desigual, pues al lado del príncipe de la milicia celestial se quedó la mayoría de los arcángeles, ángeles, tronos y potestades quienes, con la ayuda de Dios, echaron a la infernal serpiente y a los rebeldes a las densas tinieblas.
Existen muchas discusiones bizantinas entre los padres de la iglesia sobre si Luzbel era arcángel, serafín o querubín; de si aspiró a ser como el altísimo y de si su pecado fue negarse a adorar a una natura inferior, como es la natura humana de Cristo.
Cuando cayó al caos, lleno de odio, convertido en infernal serpiente animada por la envidia y el deseo de venganza, engañó a la madre del género humano quien se comió la manzana y perdió la inocencia.
A partir de ese momento nos corrieron del edén y tenemos que ganarnos el pan con el sudor de la frente.
Sin ser de naturaleza humana, la religión católica convirtió en santo a San Miguel, quien es invocado en la oración preparatoria del Exorcismo.
Es reconocido por el islam, el judaísmo y el cristianismo.
Patrono de Francia, e innumerables ciudades y pueblos como Uriangato (De donde era mi madre); de oficios tan diversos como panaderos, barberos, sastres, soldados, comerciantes, tenderos y hasta de los banqueros…quienes a menudo se comportan como enemigos de San Miguel.