¿El Padrino?

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Ayer se registró un terremoto dentro del Ejército Mexicano.

Un sismo, porque las autoridades norteamericanas detuvieron en Los Ángeles al ex secretario de la defensa nacional Salvador Cienfuegos Zepeda.

Un fuerte temblor, porque la corte este del distrito de Nueva York acusa al ex secretario de la defensa nacional de conspirar internacionalmente para traficar y distribuir heroína, cocaína, metanfetaminas, marihuana y lavado de dinero.

Un movimiento telúrico porque, de comprobarse las acusaciones, contra de quien llaman “El Padrino”, se pone en entredicho la labor del ejército mexicano en la lucha contra el crimen organizado.

Un gran terremoto porque El Ejército, es una de las pocas instituciones en las que el pueblo cree.

Un escándalo, porque los graves cargos se dirigen a quien ostentó el alto mando del Ejército. 

Porque los delitos de los que se le acusan, relacionados con el narcotráfico y crimen organizado, son del periodo en que fungió como general secretario.

Un suceso peligroso, porque si se comprueba que quien fuera la cabeza del Ejército Mexicano estuvo inmiscuido en el narcotráfico, se pondría bajo sospecha a toda la estructura del Ejército: generales, jefes, oficiales, tropa…

Se le daría la razón a quienes afirman que la lucha contra el narco está perdida, y que ha sido un grave error que el presidente de la república o comandante supremo, le haya ordenado al ejército combatir al crimen organizado

Se comprobaría que, fue un yerro alejar al ejército de sus misiones establecidas en la Ley Orgánica e inmiscuirlos en labores de seguridad pública, construcción de bancos, carreteras, ferrocarriles y aeropuertos.

El error de varios presidentes ha sido apartarse de la Constitución: “En tiempos de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tenga exacta conexión con la disciplina militar…”.