Federalismo al Revés

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nuestro federalismo mexicano nació al revés, divididos, y así crecimos y seguimos.

Ellos nacieron de la periferia al centro e inventaron el sistema federal. Nacieron unidos.

Nosotros nacimos al revés: del centro a la periferia y desunidos.

 En 1824 copiamos su constitución y creamos una república representativa, popular y federal. 

En 1836, se creó el Supremo Poder Conservador, pasamos de una república federal a una central y seguimos divididos. 

En 1857, se creó una república representativa, democrática y federal (se le quitó el popular) y la división continúo. 

En 1917, reafirmamos que es voluntad del pueblo constituirse en una república representativa, democrática, laica y federal. 

En 2020, seguimos divididos. Diez gobernadores amagan al presidente con romper el pacto federal. 

No están de acuerdo con la fórmula como se distribuyen los recursos presupuestarios (Ley de Coordinación Fiscal publicada el 27 de diciembre de 1987).

Con base en esa fórmula, que sólo los iluminados entienden, se entregan las participaciones federales a los estados y municipios. 

Desde que somos una república federal, la pirámide distributiva no se ha podido invertir: la federación se lleva la mayor parte de los ingresos, seguida de los estados y al final los municipios.

El gobierno federal cumple con entregar las participaciones a los estados, con base en una ley de los tiempos de López Portillo, cuando la base de la economía era el petróleo. 

Por mucho tiempo, estados y municipios eran felices estirando la mano y recibiendo las participaciones federales. 

Tan es así, que se olvidaron o renunciaron a cobrar los impuestos locales.

Hoy, la gran mayoría de los municipios están endeudados o quebrados y no prestan los servicios públicos a los que están obligados por Ley.

El tapete del muerto del separatismo no conduce a nada. 

La triste realidad es que, ni a la federación le alcanza para sus programas sociales y obras prioritarias.

Nuestro federalismo no tiene nada que ver con los sueños de Madison, Hamilton y Jay. Nacimos al revés, divididos, y así crecimos y seguimos.