Odio, Fanatismo y Maldad Cristiana

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En del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, de los ángeles, de los arcángeles, tronos, denominaciones, papas, serafines, querubines, santos inocentes, mártires y confesores; en el nombre de todos ellos, Miguel Hidalgo y Costilla fue excomulgado.

Manuel Abad y Queipo, obispo de Michoacán lo excomulgó, anatemizó y pidió que fuera atormentado eternamente con sufrimientos indecibles.

Abad y Queipo pidió que Jesucristo y sus discípulos, la Virgen María, el Espíritu Santo, San Miguel, San Juan, San Pablo, San Andrés, los evangelistas, confesores, en resumen, que todas las criaturas que habitan en el cielo lo maldijeran y condenaran.

Pidió que fuera maldito en cualquier lugar en donde se encontrara; maldito en la casa, campo, caminos, bosques, agua y aún en la iglesia; maldito en la vida y en la muerte, dormido o despierto; maldito en todas las partes de su cuerpo: pelo, brazos, frente, oídos, cejas, quijadas, dientes, muelas, brazos, manos, dedos…

En nombre de Dios Omnipotente, pidió que fuera condenado en su boca, pecho, corazón, venas, muslos, uñas de los pies y maldito en todas sus junturas, articulaciones, plantas de los pies…que no hubiera nada bueno en él:

“Que el hijo de Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él”.

Hidalgo fue degradado el 29 de julio de 1811:  le rasgaron la cabeza y arrancaron las yemas de los dedos índices y pulgares que habían sido consagradas el día de su ordenación sacerdotal.

Después fue fusilado, sin ningún beneficio eclesiástico.

¿Qué pensaría Dios de los sentimientos de Manuel Abad y Queipo?